Extracto del "Fragmentos de Locura" del abad loco Ludwig Von Aghten. El presente fragmento era propiedad de Katerina Ashnam, Gran Maestre de la Orden del VacÃo Estelar, hasta que fue robado del mismo Templo del Dolor por individuos desconocidos. Aunque la Orden sospecha de la intervencion de la Escuela Magica de Dendras nunca se ha podido probar nada.
Año 8713, Tercer dÃa de la estación de la siembra
El dÃa que los profetas-astrologos de Karn predijeron finalmente habÃa llegado. NmTar, el Heraldo de la Destruccion, se acercaba lentamente al sol. El ganado humano ya estaba acostumbrado a los eclipses y eran ajenos a la tragedia que se avecinaba. En el movimiento pendular 347, Yael comenzo a oscurecerse mientras NmTar avanzaba con enfermiza lentitud. Aquel no era un eclipse normal. Significaba el fin de una era.
NmTar estaba demasiado lejos para ser alcanzado por los hechizos del Circulo Interno y eso era algo que a ninguno de los Grandes Arcanos se les escapaba. Sin embargo el Arcano Supremo, Irtain-al-Aghra-al-Ashif-um-Akar, llevaba mucho tiempo esperando y preparando su llegada. El Circulo Interno no iba a ser vencido por el Heraldo sin presentar batalla.
Pero la maligna entidad estaba preparada tambien para comenzar la guerra. Antes de que los Grandes Arcanos estuviesen preparados para terminar el Ritual Definitivo mando a la tierra a su Hueste de Sombras. Su mision no era otra que sembrar el caos y la destruccion para crear la suficiente distracción que le concediera el tiempo necesario que necesitaba para llevar a cabo su terrible plan: convertirse en el nuevo Sol del planeta.
La Hueste de Sombras cayó como una lluvia impia sobre las fertiles tierras de Alandria. La "oscuridad lÃquida", como la gente la denominó, mató, destruyó y causó la locura por donde pasaba. La población se preguntaba cómo los Grandes Arcanos podÃan permitir esa destrucción sin sentido. En la ciudad-templo de Karn los Grandes Arcanos se habÃan refugiado en el interior de la Torre Celeste. La Guardia Carmesà protegÃa la Torre frente a la invasión del Enemigo. Los alados guardianes eran bien conscientes de la responsabilidad de su misión. Pronto, el aliento Ãgneo de la Guardia se confundió con la oscuridad lÃquida del enemigo.
Dentro de la Sala UmbrÃa, en el interior de la Torre Celeste, los Grandes Arcanos recitaban rituales prohibidos en un lenguaje hace mucho tiempo olvidado. Nada debÃa distraerles de su misión ... o todo estarÃa perdido.
Lenta, pero inexorablemente, NmTar se colocaba delante del sol y extendÃa sus obscenos tentáculos alrededor suyo. Su Hueste Oscura estaba haciendo un buen trabajo allá abajo. En su interior, NmTar reÃa sadicamente. Los mismos Grandes Arcanos que le habÃan despertado sufrirÃan Su castigo. El crearÃa un Nuevo Mundo de las cenizas del antiguo. Cuando estaba a punto de conseguirlo vio como alrededor del planeta azul surgÃa un escudo que envolvÃa toda su superficie.
"Necios" pensó la entidad. "Si pensais que con ese truco infantil podeis detenerme estais muy equivocados". Mientras que NmTar se regozijaba en su victoria se dio cuenta del plan de los Grandes Arcanos. Como erroneamente NmTar habia supuesto, el Sol no era simplemente una gran bola de gas incandescente. Los Grandes Arcanos habÃan invocado la ayuda del Sultan del Caos y este les habÃa respondido dotando al Sol de inteligencia. Desde el Sol, tentáculos de luz salieron al encuentro del Heraldo. Y estalló la lucha entre ambos seres.
Noche y dÃa se hicieron uno cuando el Heraldo se unió con el Sol. Pero no como él habÃa querido. Se habÃa convertido en el nuevo Sol, pero a costa de su propia cordura. Enfurecido, la bestia sin inteligencia envió radiaciones mortales sobre la tierra pero el escudo las frenó. Intentó dejar de lucir, condenando al mundo a la congelación, pero no podÃa dejar de hacerlo. Intentó también marcharse, pero el Sol le encadenaba. Estaba preso de su propio éxito. Aun sin inteligencia, seguÃa siendo un enemigo asombroso. Mandó a mas de sus hijos contra el planeta, mas el escudo les detuvo. La Nube que los Grandes Arcanos habÃan invocado protegÃa de las radiaciones mas mortÃferas, pero no estarÃa ahà para siempre. Y él sÃ. TenÃa todo el tiempo del mundo para ejecutar su venganza.
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