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C_Ashaf_HMitica

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Historia Comunidad Ashaf

Edad Mítica

 

Loläh, el Ave Primigenia, la Dadora de Todos, surcaba por toda la eternidad el espacio. Conoció infinidad de lugares y en su infinita migración fue fecundada por Gooijer, el Vacío, por una de sus millones de blancas y brillantes gotas de esperma.

 

Buscó un nido de su agrado y al quinto amanecer encontró el que anhelaba. Cinco huevos la esperaban en él, para ser incubados. Y así fue. Al final de la quinta era cuatro de ellos dieron sus frutos, permaneciendo el quinto frío y gris. Loläh alimentó en estos primeros momentos al fruto de su maternidad y una vez comprobó que eran capaces de vivir por ellos mismos emprendió de nuevo el vuelo, no sin tranquilizar a sus retoños con su futuro regreso al hogar.

 

Decidieron los cuatro polluelos quedarse en tan reconfortante nido, y quisieron adecuarlo a tal fin. Buscaron en su entorno los materiales precisos con los que crear un entorno confortable para ellos y su descendencia: Ivnes llegó hasta el ojo de su padre, que brillaba cerca de ellos en vigilia permanente, y le pidió prestado un poco de su esencia; Orfâ rascó en el oscuro manto que les cobijaba; NamuTe destiló la sangre de "los no natos aun"; y Yavänee nada encontró.

 

Con todos estos materiales dieron forma a su casa: Ivnes creó el fuego, Orfâ la tierra y NamuTe el agua. Yavânee solo pudo mirar como sus hermanos trabajaban, y le embargó el frío de la oscuridad. Nada dijo y vivió allí junto con ellos, que nada le reprocharon de su falta de aportación. Y dieron al Hogar el nombre de Ashap-Loläh.

 

Y juntaron sus formas y sus cuerpos y dieron a la luz camadas de descendientes. Y su nido se llenó de vida y júbilo. Siendo todos de igual raza, a imagen y semejanza de sus padres-madres, solo los diferenciaban el color de sus plumas: Ivnes fecundó a los de rojizo plumon, Orfâ a los de color marron, NamuTe a los azulados y Yavânee a los de blanca tez.

 

Y entre ellos siguieron procreando, aunque casi nunca entre seres de diferente plumaje. Al tiempo vieron que los fecundados por Yavânee eran taimados, intrigantes y maliciosos. Y vieron que si así eran, el motivo lo tenían en su padre-madre. Y ascendieron al lugar mas elevado de su morada los tres restantes y decidieron tras largas deliberaciones el exilio de Yavânee y su cohorte.

 

Yavânee no era ni ciego ni sordo, ni sus hijos, y supo de la reunión y de su futuro sombrío. Teniendo ya el corazón negro como el vacío que rodeaba al Hogar ya había trazado planes para el y su descendencia. Presto los llevaron a cabo, y la guerra y la destrucción llegaron a Ashap-Loläh, matándose los de la misma sangre.

 

Tal fue la ferocidad con la que inicialmente los Yavânee-Gärd atacaron a sus otros hermanos, ignorantes de tamaña ignominia, que igual tuvo que ser la respuesta de los ultrajados. Y la roja sangre, la esencia de Loläh y de Gooijer que habitaba en su ser, cubrió todo Ashap-Loläh. A sus tierras y a sus habitantes, y estos cegados totalmente llevaron hasta la locura su sed de muerte.

 

Solo después de innumerables batallas pareció que las huestes de los tres hermanos iban a perder la batalla enfrente de Yavânee. Así fue que decidieron un ultimo esfuerzo ellos mismos, un esfuerzo que exiliara de una vez a su malvado hermano. Este, antes de verse enviado mas allá del manto oscuro, rojo de ira e indignación gritó a todo Ashad-Loläh su frustración, y quiso el devenir que del que no había contribuido a la creación del Hogar, expeliera toda su esencia y esta diera forma al aire.

Tal fue su ímpetu que casi acabo con toda la vida, presente y futura. Ashap-Loläh aguanto estoicamente su furia como pudo, no sin sufrir en su lacera piel la fuerza de la desesperación y tuvo que empezar a girar sobre si mismo para no quebrarse, ocultando cíclicamente el ojo vigilante de Gooijer en la oscuridad, hecho que aun sucede en nuestros días.

 

Este aliento de negra alma emponzoñó toda creación, y desde entonces el fuego puede ser reconfortante o incontrolable destrucción, la tierra puede dar los más exquisitos frutos como ser imposible su vida en ella y el mar tal como esta. No todo fue maldad, ya que quiso la fortuna que también el aire recogiera de los otros elementos su bondad y este se convirtiera, como ellos, el un dador de vida o de muerte.

 

Tras el exilio definitivo de Yavânee, que aun y así consiguió llevarse consigo a Ivnes, Orfâ y NamuTe, todos sus hijos fueron perseguidos hasta la muerte. Pocos fueron los que escaparon a su destrucción total, se dice que escondiéndose en las heridas infligidas a Ashap-Loläh, en las yermas tierras de la desesperación. Aun hoy en día se cree que cuando un recién nacido es de piel albina un antiguo Yavânee ha fecundado a la madre, entonces el neonato y su progenitora son muertos, para preservar la pureza de los Ashaf-Gärd, los Hijos del Hogar Primigenio.

 

Una vez las tierras hubiesen secado de la sangre de la Batalla entre Hermanos dieronse cuenta que eran pocos los supervivientes del horror y que sus Progenitores los habían abandonado. Lloraron y gritaron de desesperación y cada descendencia de cada Progenitor se junto con los de su misma condición y emprendieron el camino de su forzado exilio, conocido como la Primera Migración. Ya nadie confiaba en otro de su mismo ser, pero de diferente concepción. Tres destinos, tres caminos.

 

Quiso Gooijer, paternal y vigilante, darse cuenta de tamaño holocausto en su progenie y lloró. Lloró tantas lagrimas que unas pocas llegaron a Ashap-Loläh. Lagrimas divinas que golpearon con furia las debilitadas tierras. Pero aun y así, donde fue posible, fecundáronlas dando nacimiento a nuevos seres, diferentes de los ashaf ya que no tenían a Loläh como madre. Y estos nuevos habitantes se adaptaron rápido al hostil entorno y también procrearon, y tuvieron descendencia que también procreo. Y Ashap-Loläh renació de sus heridas, con su luz y su sombra. Y los reales descendientes de Loläh pasaron a ser una mancha de aceite en un barreño de agua.


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